En el principio fue la linea de comandos…

Aquest és un fragment de En el principio… fue la lí­nea de comandos de Neal Stephenson (llibre que he estat llegint aquest cap de setmana i que m’ha encantat).

en algún lugar fuera y más allá de nuestro universo hay un sistema operativo, codificado a lo largo de incalculables periodos de tiempo por algún tipo de demiurgo-hacker. El sistema operativo cósmico usa una interfaz de lí­nea de comandos. Se ejecuta en algo parecido a un teletipo, con montones de ruido y calor; los bits introducidos revolotean a la papelera como estrellas fugaces. El demiurgo está sentado frente a su teletipo, introduciendo una lí­nea de comando tras otra, especificando los valores de las constantes fundamentales de la fí­sica:

 
  root@god:~# universe -G 6.672e-11 -e 1.602e-19 \ -h 6.626e-34 --protonmass 1.673e-27....
  

y cuando acaba de escribir la lí­nea de comandos, su meñique derecho titubea sobre la tecla enter durante uno o dos eones, preguntándose qué va a pasar; luego cae -y el boom que se oye es otro Big Bang.

Ese sí­ que es un sistema operativo chulo, y si estuviera disponible en Internet (libre, por supuesto) todos los hackers del mundo se lo descargarí­an enseguida y se pasarí­an toda la noche enredando, escupiendo universos a diestro y siniestro. La mayorí­a serí­an universos bastante sosos pero algunos serí­an simplemente asombrosos. Porque los que esos hackers estarí­an tratando de conseguir serí­a algo mucho más ambicioso que un universo con unas pocas estrellas y galaxias. Cualquier hacker corrientucho podrí­a hacer eso. No, el modo de labrarse una gran reputación en Internet serí­a ser tan bueno con la lí­nea de comandos que los universos desarrollaran vida espontáneamente. Y una vez que el modo de conseguir eso se convirtiera en un conocimiento común, esos hackers irí­an más allá, tratando de hacer que sus universos desarrollaran el tipo adecuado de vida, tratando de hallar el único cambio en el n-ésimo lugar decimal de una constante fí­sica que nos darí­a una Tierra en la que, pongamos, aceptaran a Hitler en la Escuela de Bellas Artes después de todo, y acabara como artista callejero con curiosas opiniones polí­ticas.

Incluso si esa fantasí­a se volviera realidad, sin embargo, la mayorí­a de los usuarios (incluyéndome a mí­ mismo, algunos dí­as) no querrí­an molestarse en aprender todos esos arcanos comandos, y pugnar con todos los fracasos; unos pocos universos fallidos realmente pueden atiborrarte el trastero. Tras pasar un rato introduciendo lí­neas de comando y pulsando la tecla enter y engendrando aburridos universos fallidos, empezarí­amos a desear que hubiera un sistema operativo que fuera todo lo contrario: un sistema operativo que tuviera la potencia para hacerlo todo: para vivir nuestra vida por nosotros. En este sistema operativo, todas las decisiones posibles que tuviéramos que tomar habrí­an sido predeterminadas por astutos programadores, y condensadas en una serie de cuadros de diálogo. Pulsando en botones de radio podrí­amos escoger de entre opciones mutuamente excluyentes (HETEROSEXUAL/HOMOSEXUAL). Las columnas de cuadritos a tachar nos permitirí­an seleccionar las cosas que quisiéramos en nuestra vida (CASARSE/ESCRIBIR LA GRAN NOVELA AMERICANA) y para las opciones más complicadas podrí­amos rellenar cuadritos de texto (NúMERO DE HIJAS: NúMERO DE HIJOS).

Incluso esta interfaz de usuario empezarí­a a parecer tremendamente complicada pasado un tiempo, con tantas opciones y tantas interacciones ocultas entre opciones. Se volverí­a casi inmanejable -el problema del doce parpadeante de nuevo-. La gente que nos la proporcionó tendrí­a que proporcionar también asistentes y plantillas, dándonos unas pocas vidas por defecto que pudiéramos usar como base para diseñar la nuestra. Lo más probable es que estas vidas por defecto le parecieran bastante buenas a la mayorí­a de la gente, de todas formas, así­ que les fastidiarí­a enredar con ellas por miedo a empeorarlas. Así­ que, tras unas pocas versiones, el software serí­a aún más simple: lo iniciarí­as y te presentarí­a un cuadro de diálogo con un único botón grande en medio etiquetado: vivir. Una vez pulsaras ese botón, empezarí­a tu vida. Si algo fuese mal, o no respondiese a tus expectativas, podrí­as quejarte al Departamento de Atención al Cliente de Microsoft. Si te atendiese un empleado de atención al público, te dirí­a que tu vida iba bien, que no le pasaba nada y que en cualquier caso irá mucho mejor con la próxima actualización. Pero si insistieras, y te identificaras como avanzado, podrí­as hablar con un ingeniero de verdad.

¿Qué dirí­a el ingeniero, una vez hubieras explicado tu problema y enumerado todas las insatisfacciones de tu vida? Probablemente te dirí­a que la vida es una cosa muy difí­cil y complicada; que ninguna interfaz puede cambiar eso; que cualquiera que crea lo contrario es un imbécil; y que si no te gusta que escojan por ti, deberí­as empezar a elegir por ti mismo.