La reforma del Fondo de Reserva de la Seguridad Social

NOTA: Artí­culo publicado en la revista Viento Sur núm. 92.

NOTA: En el momento de escribir estas lí­neas el anteproyecto de ley todaví­a no se ha hecho público í­ntegramente y está pendiente de los trámites previos al inicio de su negociación parlamentaria. El artí­culo puede contener impresiones e inexactitudes pues se basa en las informaciones facilitadas desde el Consejo de Ministros.

Sumari Viento Sur, num. 92

Recientemente el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, el Ministerio de Economí­a y Hacienda y los agentes sociales (entiéndase los sindicatos UGT y CC.OO y las organizaciones patronales CEOE y CEPYME) llegaron a un acuerdo para la reforma de la ley reguladora del Fondo de Reserva de la Seguridad Social1.

El Fondo de Reserva de la Seguridad Social es un Fondo creado a raí­z de los Pactos de Toledo y que a partir del 2000 se nutre del excedente procedente del ámbito contributivo de la Seguridad Social. Es decir se alimenta del excedente existente entre las cotizaciones y las prestaciones pagadas en concepto de pensiones contributivas. Su finalidad no es otra que servir de colchón financiero para los tiempos de vacas flacas en los que las cotizaciones puedan no ser suficientes para cubrir las pensiones.

La reforma actual, persigue la finalidad de “dotar a su gestión de mayor flexibilidad para conseguir conjugar la seguridad en las inversiones con una mayor rentabilidad, mediante la diversificación de riesgos”. Así­ “se debe seguir la tendencia del resto de los paí­ses de diversificación de inversiones y abrirse a la renta variable” dando entrada además a la gestión privada.

En la actualidad la práctica totalidad del fondo se invierte en tí­tulos de renda fija nacional o extranjera (deuda pública) de paí­ses con una elevada calificación crediticia. El resto, una parte muy pequeña esta depositado en una cuenta en el Banco de España. Es decir, se invierte en valores casi totalmente seguros. Con la reforma propuesta el Fondo podrí­a invertir además en valores de renda fija emitidos por entidades de derecho privado (obligaciones), acciones y otros instrumentos financieros de renta variable (acciones, opciones, futuros, etc.), divisas y participaciones en instituciones de inversión colectiva (fondos de inversiones), activos todos ellos que conllevan considerable riesgo.

Nadie regala nada

Actualmente el rendimiento obtenido por el Fondo de Reserva es del 4,21%. Sin embargo, en el 2006, la bolsa española obtuvo el mejor registro de su historia y cosechó rentabilidades superiores al 30%. Sin duda tal diferencial debe haber hecho perder la cabeza a gobierno, patronal y sindicatos para dejarse engañar por las ganancias fáciles de otros creyendo que la euforia actual de la bolsa va a ser permanente. Parece además que la euforia les ha hecho olvidar que en los mercados nadie regala nada, que mayores rentabilidades conllevan también mayores riesgos, que las rentabilidades pasadas no garantizan las rentabilidades futuras y que aunque la bolsa suba esto no impide que haya inversores que pierdan dinero. No podemos olvidar, además, que aunque se hable de la evolución de la bolsa esta no es más de un í­ndice que agrupa a las principales empresas cotizadas pero no es un grupo cerrado y unas empresas sustituyen a otras dando la sensación de subida continuada e infravalorando las caí­das. Y eso sin contar la posibilidad de quiebras empresariales y escándalos financieros2.

Según el gobierno en las inversiones “se tendrán en cuenta los principios de responsabilidad social, económica y ambiental”. Sin embargo también se hace especial hincapié, para tranquilidad del capital, en el hecho que las inversiones del Fondo no otorgarán derechos polí­ticos y no se intervendrá en la gestión de las empresas participadas (lo que sin duda serí­a la mejor forma de hacer que dichas empresas actuasen de forma socialmente responsable). Es decir, a pesar de la retórica de la responsabilidad social y ambiental lo que se persigue son inversiones que sólo buscan la rentabilidad económica, cuando no puramente especulativas, basadas en comprar barato y vender caro. Este componente especulativo se pone todaví­a más de relieve en el caso de inversiones en otros productos financieros derivados como opciones y futuros o en el caso de los mercados de divisas.

Mención especial merecen las participaciones en fondos de inversión colectiva ya que mediante estos se abre la puerta a cualquier tipo de inversión dificultando gravemente la transparencia que deberí­a guiar la gestión de un fondo de estas caracterí­sticas. No deberí­a extrañarnos pues la situación en que el Fondo de Reserva participe en un fondo de pensiones que haya invertido en una empresa que para obtener mayores beneficios decida cerrar la producción en España, deslocalizar la producción y dejar a centenares o miles de trabajadores sin empleo. Pero eso si, ¡una pequeña parte de los beneficios que obtenga esta empresa deslocalizándose servirán para financiar sus pensiones!

Y para dejar todaví­a más maniatado al estado, la idea es que el Estado se encargue de la gestión de las inversiones en renta pública mientras que la parte que se invierta en renta variable se divida en lotes y se adjudique por concurso público a gestores privados con lo que el estado no va a tener ningún tipo de poder de decisión sobre las inversiones. Esta práctica ya se lleva a cabo en paí­ses como Francia pero no existe ningún argumento que valide el supuesto que la externalización de la gestión conlleva una mayor rentabilidad. Sin embargo, esta lleva asociados unos mayores costes de gestión respecto al sistema público3. Esto nos lleva a pensar que la decisión de externalizar la gestión no responde a más que la voluntad de regalar unos cuantiosos beneficios a las empresas gestoras (que no son otras que los grandes bancos y empresas aseguradoras) a expensas de los ahorros de los trabajadores.

La Ley también clarifica los usos a los que podrá destinarse el Fondo de Reserva dejando muy claro que “solo se podrá disponer de activos del fondo para cubrir un déficit estructural en pensiones contributivas” y en ningún caso podrá utilizarse para aumentar las pensiones tal como reclamaban algunos sectores teniendo en cuenta que gran parte de los pensionistas viven por debajo del umbral de pobreza.

La vejez y el modelo de sociedad que queremos

La atención a la vejez, y el sistema de pensiones como parte esencial de éste, de un paí­s es el reflejo del modelo de sociedad que se pretende. Tradicionalmente la atención a la vejez se habí­a desarrollado en el marco de la familia y de las pequeñas comunidades (especialmente en el ámbito más rural).

Una conquista importante en la consecución del estado del bienestar consistió en lograr que el sector público tuviera una responsabilidad, por lo menos parcial, respecto al bienestar material de sus ciudadanos. En este sentido, una de sus primeras materializaciones fue la creación de los sistemas de pensiones públicos para proteger las posibles eventualidades de la vejez.

En España, a pesar del tardí­o y parco desarrollo del estado del bienestar, el sistema de pensiones fue ampliándose hasta 1995. En 1995, en los Pactos de Toledo, gobierno y agentes sociales (patronal y sindicatos mayoritarios) acordaron separar la financiación de la Seguridad Social (en su parte contributiva) de los Presupuestos Generales del Estado. Algunos quisieron ver en esta separación de fuentes una medida para evitar que los gobiernos de turno pudieran meter mano en el dinero de las pensiones, y en este sentido podrí­a considerarse un avance útil. Pero conlleva un gran problema pues significa que las pensiones (contributivas) solo pueden ser financiadas por las cotizaciones sociales sin que puedan participar en su financiación otros fondos públicos como los impuestos y, por tanto, el peso del sistema de pensiones deja de recaer en toda la sociedad para recaer exclusivamente en los trabajadores liberando de esta carga a las rentas del capital y los beneficios empresariales. Con esta reforma se pone la primera piedra para eliminar los componentes solidarios y redistributivos (tanto intrageneracionales como intergeneracionales) del sistema público de pensiones para convertirlo en un seguro, regido por los criterios de éstos.

Cuesta de entender porqué los sindicatos (UGT y CC.OO) aceptaron que el estado se desentendiera de la financiación de la seguridad social como también cuesta de entender porqué se apuntaron de forma tan entusiasta a la creación de fondos de pensiones privadas. Quizás ellos ganaran poder y protagonismo pero los ciudadanos salimos claramente perdiendo al desandar parte del camino hecho y convertir la atención a la vejez de una cuestión social a un contrato de seguro.

Sólo en este contexto puede entenderse la creación del Fondo de Reserva. Antes el trabajador que cotizaba a la seguridad social tenia la certeza que el estado le garantizarí­a la pensión. En el momento que las pensiones pasan a depender solo de las cotizaciones sociales estas se hacen muy vulnerables a las fluctuaciones del empleo pudiendo causar problemas en momentos de recesión económica. Para proteger de las eventuales recesiones económicas (que como sabemos en el capitalismo son recurrentes) se decidió crear un fondo que sirviera de cojí­n para evitar las necesidades financieras de la Seguridad Social y evitar que tuviera que recurrir al endeudamiento4 en estas situaciones y que se nutrirí­a de los excedentes que se producen en las épocas de crecimiento económico. Como resultado, actualmente el trabajador sólo puede confiar en las cotizaciones de los trabajadores futuros y en una “hucha” que, aunque parece que guarda cifras astronómicas, a dí­a de hoy sólo puede cubrir poco más de ocho meses de la nómina de pensiones y que con la nueva ley que permite invertir en activos de renta variable – con lo que se puede ganar algo más, pero también perder muchí­simo dinero- quién sabe que valor podrá tener el dí­a de mañana.

Debemos reclamar que la atención a la vejez vuelva a la esfera de lo público, de lo social, antes de que sea demasiado tarde. No deberí­a asombrarnos que el siguiente paso (siempre con el objetivo de mejorar la eficiencia del sistema) sea la creación de cuentas individuales (públicas o privadas) para la jubilación en las que el trabajador aportará sus contribuciones y su pensión dependerá del rendimiento (que obviamente podrá ser positivo o negativo) de dicha cuenta. De esta forma, son sólo el riesgo para el trabajador aumenta en proporciones exponenciales, sino que se eliminarí­a cualquier componente redistributivo que pueda quedar. Con el tiempo, y de nuevo con el objetivo de mejorar la eficiencia y profesionalidad en la gestión, estas cuentas individuales se privatizarán para que cada cual pueda escoger como invertir sus ahorros y muy posiblemente poca gente recordará que algún dí­a hubo un sistema público de pensiones en el que el estado velaba por sus ciudadanos y les garantizaba una pensión de vejez.

Cada inversor debe decidir que riesgos está dispuesto a asumir pero si hay algo que debe protegerse de cualquier riesgo esto son las pensiones dado su gran importancia social pero también económica. Además en la comparativa de rentabilidades no debemos ignorar los beneficios colaterales de la inversión en deuda pública que van más allá del rendimiento del cupón pues esta sirve para financiar actuaciones de carácter público que revierten en el bienestar de toda la sociedad.

Es más, aquellos que buscamos una transformación del sistema debemos ir más allá y no solo reclamar que la atención a la vejez (al igual que la atención a cualquier otro tipo de situación de vulnerabilidad) vuelva a la esfera de lo público y lo social sino que además estos derechos se desvinculen de la esfera del trabajo pues solo creando espacios “libres” del trabajo asalariado se pueden crear dinámicas transformadoras.


JUNYENT TARRIDA, Joan

La reforma del Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Viento sur: Por una izquierda alternativa, ISSN 1133-5637, Nº. 92, 2007 , pp. 123-126.

Descarga este articulo en formato PDF: Viento Sur – La reforma del Fondo de Reserva de la Seguridad Social

  1. En el momento de escribir estas lí­neas el anteproyecto de ley todaví­a no se ha hecho público í­ntegramente y está pendiente de los trámites previos al inicio de su negociación parlamentaria. El artí­culo puede contener impresiones e inexactitudes pues se basa en las informaciones facilitadas desde el Consejo de Ministros. []
  2. No debemos olvidar que quienes sufrieron la peor parte en los escándalos financieros y posterior fallida de empresas como ENRON o WorldCom en EEUU fueron los fondos de pensiones ya que muchos fondos habí­an invertido en acciones de dichas empresas por considerarlas activos seguros. []
  3. Según la actual Reglamento de Planes y Fondos de Pensiones (art. 84) las comisiones por gestión que cobran las empresas gestoras pueden llegar a un máximo del 2% anual del valor total del fondo con hasta un 0,6% adicional para la entidad depositaria. []
  4. Cabe recordar que el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) establece estrictos lí­mites al déficit público (incluyendo en sus cálculos a la Seguridad Social). []