Entrevista: “La reforma del Fondo de Reserva de la Seguridad Social”.

La gent de la revista Al Abordaje de la secció sindical de la CGT del BBVA van posar-se en contacte amb mi per tal de reproduir a la seva revista l’article que vaig publicar el passat estiu a Viento Sur La reforma del Fondo de reserva de la Seguridad Social. Els interessava més però que fos en format entrevista ja que no acostumen a publicar articles d’aquesta extensió. Aquí­ en teniu el resultat.

El Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, el Ministerio de Economí­a y Hacienda y los agentes sociales (sindicatos UGT y CCOO y las organizaciones patronales CEOE y CEPYME) llegaron a un acuerdo para la reforma de la ley reguladora del Fondo de Reserva de la Seguridad Social.

¿Que es el Fondo de Reserva de la Seguridad Social?

Es un fondo creado a raí­z de los Pactos de Toledo y que, a partir del 2000, se nutre del excedente que procede del ámbito contributivo de la Seguridad Social. Es decir, se alimenta del excedente entre las cotizaciones y las prestaciones pagadas en concepto de pensiones contributivas. Su finalidad no es otra que servir de colchón financiero para los tiempos de vacas flacas, en los que las cotizaciones puedan no ser suficientes para cubrir las pensiones.

En la actualidad la práctica totalidad del Fondo se invierte en tí­tulos de renta fija nacional o extranjera (deuda pública) de paí­ses con una elevada calificación crediticia. El resto, una parte muy pequeña, está depositado en una cuenta del Banco de España. Es decir, se invierte en valores casi totalmente seguros. Con la reforma propuesta el Fondo podrí­a invertir además en valores de renta fija emitidos por entidades de derecho privado (obligaciones), acciones y otros instrumentos financieros de renta variable (acciones, opciones, futuros etc.), divisas y participaciones en instituciones de inversión colectiva (fondos de inversiones), activos todos ellos que conllevan un riesgo considerable. Se persigue “dotar a su gestión de una mayor flexibilidad para conseguir conjugar la seguridad en las inversiones con una mayor rentabilidad, mediante la diversificación del riesgo”. Así­ “se debe seguir la tendencia del resto de los paí­ses de diversificación de inversiones y abrirse a la renta variable” dando entrada además a la gestión privada.

Se habla de diversificar las inversiones. ¿No parece esto una buena idea?

Actualmente, el rendimiento obtenido por el Fondo de Reserva es del 4,2%. Sin embargo, en el 2006, la bolsa española obtuvo el mejor registro de su historia y cosechó una rentabilidad superior al 30%. Sin duda tal diferencial debe haber hecho perder la cabeza al gobierno, patronal y sindicatos para dejarse engañar por las ganancias fáciles de otros, creyendo que la euforia actual de la bolsa va a ser permanente. Parece además que la euforia les ha hecho olvidar que en los mercados nadie regala nada, que mayores rentabilidad conllevan también mayores riesgos, que la rentabilidad pasada no garantizan la rentabilidad futura y que aunque la bolsa suba esto no impide que haya inversores que pierdan dinero. No podemos olvidar, además, que aunque se hable de la evolución de la bolsa, esta no es más que un í­ndice que agrupa a las principales empresas cotizadas pero no es un grupo cerrado y unas empresas sustituyen a otras dando la sensación de subida continuada e infravalorando las caí­das. Y eso sin contra la posibilidad de quiebras y escándalos financieros.

Pero… ¿No habrá un control sobre las inversiones?

Según el gobierno en las inversiones “se tendrán en cuenta los principios de responsabilidad social, económica y ambiental”. Sin embargo también se hace especial hincapié, para tranquilidad del capital, en el hecho que las inversiones del Fondo no otorgaran derechos polí­ticos y no se intervendrá en la gestión de las empresas participadas (lo que sin duda serí­a la mejor forma de hacer que dichas empresas actuasen de forma socialmente responsable). Es decir, a pesar de la retórica de la responsabilidad social y ambiental, lo que se persigue son inversiones que sólo buscan la rentabilidad económica, cuando no puramente especulativas, basadas en comprar barato y vender caro. Este componente especulativo se pone todaví­a más de relieve en el caso de inversiones en otros productos financieros derivados como opciones y futuros o en el caso de los mercados de divisas.

Mención especial merecen las participaciones en fondos de inversión colectiva ya que mediante éstos se abre la puerta a cualquier tipo de inversión dificultando gravemente la transparencia que deberí­a guiar la gestión de un fondo de estas caracterí­sticas. No deberí­a extrañarnos pues la situación en que el Fondo de Reserva participe en un fondo de pensiones que haya invertido en una empresa que para obtener mayores beneficios decida cerrar la producción en España, deslocalizar la producción y dejar a centenares o miles de trabajadores sin empleo. Peros eso sí­, ¡una pequeña parte de los beneficios que obtenga esta empresa deslocalizándose servirán para financiar sus pensiones!.

Y para dejar todaví­a más maniatado al Estado, la idea es que éste se encargue de la gestión de las inversiones de renta pública mientras que la parte que se invierta en renta variable se divida en lotes y se adjudique por concurso público a gestores privados con lo que el estado no va a obtener ningún tipo de poder de decisión sobre las inversiones. Esta práctica ya se lleva a cabo en paí­ses como Francia, pero no existe ningún argumento que valide el supuesto que la externalización de la gestión conlleve una mayor rentabilidad. Sin embargo, esta lleva asociados unos mayores costes de gestión respecto al sistema público.

(Según la actual reglamentación de Planes y Fondos de Pensiones (art.84) las comisiones por gestión que cobran las empresas gestoras pueden llegar a un máximo del 2% anual del valor total del fondo con hasta un o,6% adicional para la entidad depositaria)

Esto nos lleva a pensar que la decisión de externalizar la gestión no responde más que a la voluntad de regalar unos cuantiosos beneficios a las empresas gestoras (grandes bancos y empresas aseguradoras) a expensas de los ahorros de los trabajadores.

No debemos olvidar que quienes sufrieron la peor parte en los escándalos financieros y posterior fallida de empresas como ENRON o WorldCom en EEUU fueron los fondos de pensiones ya que muchos fondos habí­an invertido en acciones de dichas empresas por considerarlas activos seguros

Y… ¿Cómo hemos llegado hasta aquí­?

La atención a la vejez, y el sistema de pensiones como aporte esencial de éste, de un paí­s es el reflejo del modelo de sociedad que se pretende. Tradicionalmente la atención a la vejez se habí­a desarrollado en el marco de la familia y de las pequeñas comunidades (especialmente en el ámbito más rural).

Una conquista importante en la consecución del estado de Bienestar consistió en lograr que el sector público tuviera una responsabilidad, por lo menos parcial, respecto al bienestar material de sus ciudadanos. En este sentido, una de sus primeras materializaciones fue la creación de los sistemas de pensiones públicas para proteger las posibles eventualidades de la vejez.

En España, a pesar del tardí­o y parco desarrollo del estado del bienestar, el sistema de pensiones fue ampliándose hasta 1995. En 1995, en los Pactos de Toledo, gobierno y “agentes sociales” acordaron separar la financiación de la Seguridad Social (en su parte contributiva) de los Presupuestos Generales del Estado. Algunos quisieron ver en esta separación de fuentes una medida para evitar que los gobiernos de turno pudieran meter mano en el dinero de las pensiones, y en este sentido podrí­a considerarse un avance útil. Pero conlleva un gran problema, pues significa que las pensiones (contributivas) sólo pueden ser financiadas por las cotizaciones sociales sin que puedan participar en su financiación otros fondos públicos como los impuestos y, por tanto, el peso del sistema de pensiones deja recaer en toda la sociedad para recaer exclusivamente en los trabajadores, liberando de esta carga a las rentas de capital y los beneficios empresariales. Con esta reforma se pone la primera piedra para eliminar los componentes solidarios y redistributivos (tanto intrageneracionales como intergeneracionales) del sistema público de pensiones para convertirlo en un seguro, regido por los criterios de estos.

¿Cómo valoras la actuación de los sindicatos (mayoritarios) en éste proceso?

Cuesta entender porque éstos aceptaron que el estado se desentendiera de la financiación de la Seguridad Social, como también cuesta entender por qué se apuntaron de forma tan entusiasta a la creación de fondos de pensiones privadas. Quizás ellos ganaron poder y protagonismo, pero los ciudadanos salimos claramente perdiendo al desandar parte del camino hecho y convertir la atención a la vejez en una cuestión social a un contrato de seguro.

Sólo en este contexto puede entenderse la creación del Fondo de Reserva. Antes el trabajador que cotizaba a ala Seguridad Social tení­a la certeza que el Estado el garantizarí­a la pensión. En el momento que las pensiones pasan a depender sólo de las cotizaciones sociales, éstas se hacen muy vulnerables a las fluctuaciones del empleo pudiendo causar problemas en momentos de recesión económica. Para proteger de las eventuales recesiones económicas (que, como sabemos, en el capitalismo son recurrentes) se decidió crear un fondo que sirviera de cojí­n para evitar las necesidades financieras de la seguridad Social y evitar que tuviera que recurrir al endeudamiento en estas situaciones y que se nutrirí­a de los excedentes que se producen en las épocas de crecimiento económico. Como resultado, actualmente el trabajador sólo puede confiar en las cotizaciones de los trabajadores futuros y en una “hucha” que, aunque parece que guarda cifras astronómicas, a dí­a de hoy sólo puede cubrir poco más de ocho meses de la nómina de pensiones y que con la nueva ley que permite invertir en activos de renta variable – con lo que se puede ganar algo más pero perder también muchí­simo dinero – quién sabe qué valor podrá tener el dí­a de mañana.

¿Ante esta situación que deberí­amos reivindicar?

Deberí­amos reclamar que la atención a la vejez vuelva a la esfera de lo público, de lo social, antes de que sea demasiado tarde. No deberí­a asombrarnos que el siguiente paso (siempre con objeto de mejorar la “eficiencia” del sistema) sea la creación de cuentas individuales (públicas o privadas) para la jubilación en las que el trabajador aportará sus contribuciones y su pensión dependerá del rendimiento (que obviamente podrá ser positivo o negativo) de dicha cuenta. De esta forma, no sólo el riesgo para el trabajador aumenta en proporciones exponenciales, sino que se eliminarí­a cualquier componente redistributivo que pueda quedar. Con el tiempo, y de nuevo con el objeto de mejorar la “eficiencia y profesionalidad de la gestión” estas cuentas individuales se privatizarán para que cada cual pueda escoger como invertir sus ahorros y muy probablemente muy poca gente recordará que algún dí­a hubo un sistema público de pensiones en el que el Estado velaba por sus ciudadanos y les garantizaban una pensión de vejez.

Cada inversor debe decidir qué riesgos está dispuesto a asumir, pero si hay algo que debe protegerse de cualquier riesgo, son las pensiones dado su gran importancia social pero también económica. Además en la comparativa de rentabilidades no debemos ignorar los beneficios colaterales de la inversión en deuda pública que van más allá del rendimiento del cupón, pues esta sirve para financiar actuaciones de carácter público que revierten en el bienestar de toda la sociedad.

Es más, aquellos que buscamos una transformación del sistema debemos ir más allá y no sólo reclamar que la atención a la vejez (al igual que la atención a cualquier otro tipo de situación de vulnerabilidad) vuelva a la esfera de lo público y lo social, sino que además estos derechos se desvinculen de la esfera del trabajo, pues sólo creando espacios “libres” del trabajo asalariado se pueden crear dinámicas transformadoras.