Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesí­a recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear ví­nculos en todas partes. Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesí­a ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los paí­ses. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas nacionales, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio paí­s, sino en todas las partes del globo. En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas que reclaman para su satisfacción productos de los paí­ses más apartados y de los climas más diversos. En lugar del antiguo aislamiento y la autarquí­a de las regiones y naciones, se estabelce un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material, como a la intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan dí­a a dí­a más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal.

Traducció al castellà per Fundación de Estudios Socialistas Federico Engels. 1996, Madrid, p. 42-43

Karl Marx i F. EngelsEl Manifiest Comunista