El capitalismo financiarizado. Expansión y crisis (Costas Lapavitsas)

El capitalismo financiarizado. Expansión y crisis - Costas Lapavitsas
El capitalismo financiarizado. Expansión y crisis - Costas Lapavitsas
Tí­tol: El capitalismo financiarizado. Expansión y crisis
Autor: Costas Lapavitsas
Editorial: Maia Ediciones
Col·lecció: Claves para comprender la economí­a
ISBN: 978-84-936641-8-3
Format: 96 p. (11 x 17 cm.)
P. V. P. 8,00 Eur.

La crisis financiera actual surgió en EEUU por culpa de la enorme expansión de los préstamos hipotecarios, que se concedieron incluso a las capas más pobres de la clase trabajadora. Las instituciones financieras se beneficiaron sobre todo comerciando con deudas, más que mediante el interés de sus préstamos. Estos hechos arrojan luz sobre la financiarización del capitalismo contemporáneo. Durante las tres últimas décadas, algunas grandes empresas se han vuelto hacia el libre mercado en busca de fondos, obligando a los bancos a buscar nuevas fuentes de ganancia. Además de ofrecerles otros servicios financieros, prestar dinero a los particulares se ha convertido en una importante fuente de beneficios. Este cambio en la práctica de los bancos fue facilitado por el descenso en la provisión pública de viviendas, pensiones y educación, a medida que iba en ascenso el neoliberalismo.
La financiarización ha favorecido el surgimiento de nuevas capas de rentistas, identificables sobre todo por la posición que ocupan en relación con el sistema financiero, más que por su condición de propietarios de capital estable. Estas tendencias han acrecentado la autonomí­a relativa de las finanzas, exacerbando su inestabilidad.
Costas Lapavitsas es profesor de Economí­a en la School of Oriental and African Studies (Universidad de Londres).

En aquest breu llibret, Costas Lapavitsas, ens explica de manera senzilla, a partir de la crisi financera actual, els mecanismes d’apropiació de valor del capitalismes finançaritzat aportant una visió diferent respecte a la concepció que el marxisme clí ssic tenia del sector financer.

Alguns fragments destacats…

“Los mercados rebosaban de capital pero tení­an escasez de liquidez. Sin embargo, este fenómeno no es paradójico ni nuevo. En una crisis financiera, el dinero se convierte en lo más importante de todo: aunque la economí­a capitalista esté repleta de otros valores mercantiles, sólo funciona el valor con forma de dinero, que no aparece por ninguna parte debido precisamente al atesoramiento.” (p. 19)

“La liquidez proporcionada por el Banco Central no resolvió el problema de la renuencia de los bancos a prestarse entre sí­. Simplemente, sustituyó a los reticentes oferentes privados de fondos, en los mercados monetarios, por lo Bancos centrales.” (p. 22)

“La financiarización tiene que analizarse en este triple contexto de dudoso crecimiento de la productividad, prácticas laborales cambiantes y desplazamientos de la capacidad productiva global. Desde finales de los setenta, la acumulación real ha tenido un crecimiento mediocre y precario, pero el sector financiero ha crecido extraordinariamente en términos de empleo, beneficios y tamaño de las instituciones y los mercados. Ha habido desregulación, cambio tecnológico e institucional, innovación y expansión global. El sector financiero está ahora presente en todos los aspectos de la sociedad de los paí­ses desarrollados, aunque también ha crecido fuertemente en el mundo en desarrollo. Pero el cambio más significativo ha sido, quizás, el aumento de la expropiación financiera de los trabajadores y otras capas de la población. Mientras que la acumulación real ha tenido resultados más bien pobres, la clase capitalista ha encontrado nuevas fuentes de ganancia en mecanismos financieros modernizados.” (p. 34)

“[la economí­a polí­tica] Considera también que los beneficios de los bancos proceden en última instancia de las empresas industriales y comerciales, que son sus prestatarios principales. Pero la financiarización ha convertido las rentas personales de los trabajadores, y los particulares en general, en una fuente significativa de beneficios bancarios.” (p. 38)

“En la teorí­a marxista, la esfera de la circulación no es el lugar natural de la explotación, pues el intercambio de mercancí­as tiene normalmente como premisa el intercambio de equivalentes (quid pro quo). Sólo puede haber explotación en la circulación si una de las partes del intercambio está mal informada sobre su valor, o interviene en ella alguna fuerza extraeconómica. Esto es diferente de la tí­pica explotación capitalista, que es a la vez de naturaleza sistemática y económica. Las transacciones financieras se refieren al dinero y al capital dinero prestable, no a las mercancí­as producidas. Consisten normalmente en un intercambio de promesas y obligaciones basadas en la confianza, no en un quid pro quo directo. La transferencia de valor que se produce finalmente entre las partes de una transacción financiera depende del marco institucional y legal, los flujos de información e incluso el poder social.

Las ventajas que tienen las instituciones financieras en términos de información y poder les permiten negociar de forma distinta con los particulares que con las empresas capitalistas. Estas tienen fácil acceso a la información y no van a la zaga de los bancos en términos de poder social y económico. Los servicios financieros que obtienen son necesarios para la producción y circulación del valor y el plusvalor. Y lo que se paga por estos servicios está normalmente dentro de los lí­mites determinados en cada periodo por la disponibilidad dede capital prestable y la rentabilidad de la acumulación real. Si no fuera así­. las empresas capitalistas podrí­an, en principio, prescindir de los mecanismos financieros existentes y recurrir más, por ejemplo, al crédito comercial, o a mecanismos alternativos creados ab ovo. Dicho de otra manera, los usuarios capitalistas del sector financiero realizan un cálculo económico dictado por la lógica del circuito de su propio capital. Como resultado, la remuneración media de las empresas financieras en su intercambio con las empresas productivas y comerciales, se somete a los dictados del capital social total.

En cambio, cuando se relaciona con la renta personal, el sector financiero juega con las necesidades de los trabajadores y demás particulares, es decir, con la vivienda, las pensiones, el consumo, los seguros, etc. Esta actividad difiere cualitativamente de la que va dirigida a la producción y circulación del capital. Los particulares se interesan por los valores de uso, mientras que las empresas tienen como objetivo la expansión del valor. Por tanto, la actividad financiera de los particulares y las empresas se guí­a por diferentes objetivos y motivaciones, diferentes cantidades de información y disponibilidad de alternativas, y una diferente capacidad para ‘economizar’.” (p. 41)

“el notable crecimiento de los inversores institucionales, durante las tres ultimas décadas, se basa en dos factores. Primero, el Estado se ha retirado en parte de la provisión de gastos sociales, en especial de las pensiones, obligando a los trabajadores y otros particulares a planear su jubilación colocando sus ahorros en el sector privado. Esto se ha visto reforzado por el envejecimiento progresivo de la población y el aumento del periodo de supervivencia tras la jubilación. Segundo, se ha producido una desregulación de los tipos de interés, que ha hecho que los ahorros salieran de los bancos en busca de un mayor rendimiento en inversiones alternativas. La polí­tica económica ha promovido y fomentado la colocación de estos ahorros en los diferentes inversores institucionales.

Algo que sirvió de catalizador en este proceso fue la introducción, en 1978, del a regulación 401K en los EE.UU., que permitió invertir en Bolsa el dinero de los fondos de pensiones. En el Reino Unido se introdujeron sistemáticamente desde los ochenta, los Planes Personales de Pensiones (Personal Equity Plans, PEP) y las Cuentas de Ahorros Individuales (Individual Saving Accounts, ISA), que reciben un tratamiento fiscal favorable y permiten canalizar los ahorros hacia los mercados financieros. Estas medidas forman parte de la ‘financiarización’ de los particulares: por un lado, sus activos financieros han crecido a través de los fondos d pensiones, pólizas de seguro, etc., mientras que sus pasivos financieros han aumentado gracias a las hipotecas. El resultado neto es que se ha terminado pagando a las instituciones financieras una proporción creciente de la renta personal, en concepto de comisiones por su intervención en todas estas transacciones. El crecimiento de los mercados financieros ha ampliado así­ el ámbito para la expropiación financiera.” (p. 67)