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Debt: The First 5000 Years - D. Graeber

Debt: The First 5,000 Years (David Graeber)

Debt: The First 5000 Years - D. Graeber

Debt: The First 5000 Years – D. Graeber

Títol: Debt: The First 5,000 Years
Autor: David Graeber
Editorial: Melville House
Any: 2011
ISBN: 978-1-933633-86-2

Alguns extractes del llibre de David Graeber en el qual analitza el paper del deute al llarg de la història de la huminitat.

“Surely one has to pay one’s debts.” The reason it’s so powerful is that it’s not actually an economic statement: it’s a moral statement. After all, isn’t paying one’s debts what morality is supposed to be all about? Giving people what is due them. Accepting one’s responsibilities. Fulfilling one’s obligations to others, just as one would expect them to fulfill their obligations to you. What could be a more obvious example of shirking one’s responsibilities than reneging on a promise, or refusing to pay a debt? It was that very apparent self-evidence, I realized, that made the statement so insidious.

As the great classicist Moses Finley often liked to say, in the ancient world, all revolutionary movements had a single program: “Cancel the debts and redistribute the land.”

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Extractes de “Por el bien del imperio” (J. Fontana)

Alguns extractes del llibre “Por el bien del imperio” de Josep Fontana

“Solo más tarde aprendí” dirá Kissinger en sus memorias “que las principales decisiones de política económica no son técnicas, sino políticas”.

J. Fontana – Por el bien del imperio (p. 456)

El 17 de octubre Honecker, que era partidario de responder al clima de protesta popular con la violencia, como habían hecho los chinos en junio en Tiananmen, fue destituido y reemplazado al frente del SED por Egon Krenz, contrario al uso de la represión. Pero los mayores problemas del país, como descubrió ahora el nuevo secretario general, eran de índole económica: la República Democrática Alemana estaba al borde de la quiebra, sin capacidad para hacer frente al pago de los intereses de su deuda exterior; algo que Honecker había ocultado a los dirigentes del partido. Cuando viajó a Moscú para comunicar a Gorbachov que el país se encontraba en una situación desesperada, recibió la respuesta de que la Unión Soviética no podía ayudarles y que la solución residía o en decirles a los ciudadanos alemanes que habían estado viviendo por encima de sus medios y que tocaba sacrificarse -algo que era imposible en aquellos momentos de protesta generalizada-, o en buscar la ayuda económica de la Alemania occidental, que solo se podría obtener a cambio de concesiones políticas.

J. Fontana – Por el bien del imperio (p. 681)
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Esta vez, además, el despertar de la protesta popular parece muy distinto al de otras ocasiones anteriores, y va a resultar más difícil contenerlo. No se trata de una repetición de las revueltas de 1968, que movilizaron a unos jóvenes que querían un mundo mejor y más justo, pero a los que el sistema, una vez derrotados, pudo recuperar sin demasiadas dificultades. Los jóvenes vuelven a ser la parte fundamental de estos nuevos ejércitos de protesta, pero su móvil es ahora mucho más directo y personal: en un mundo de desigualdad creciente, dominado por el paro y la pobreza, piden el derecho a un trabajo digno y a una vida justa, tal como se les prometió a sus abuelos cuando los llevaron a combatir en la guerra fría, no por la democracia, sino con el objetivo de asegurar el triunfo de la «jerarquía global establecida».

A lo cual hay que sumar el hecho de que, a diferencia de lo que sucedió en 1968, el sistema es ahora incapaz de integrarlos ofreciéndoles unas compensaciones adecuadas. Como los trabajadores de 1848, los jóvenes de esta nueva revuelta tienen muy poco que perder y un mundo que ganar. El futuro está en sus manos.

— Josep Fontana – Por el bien del imperio (p. 976)

But as capitalism exhausts the posibilities for primitive acumulation at the expense of pre-capitalist and intermediate social formations, so it has to look elsewhere for fresh sources of labour power. In the end, it has only one place to go. It has to canibalize itself. Some capitalists – chiefly via the credit system but also through patterns of tied sub-contracting to larger firms or dependency upon monopoly sources of supply. Others are forced into the proletariat directly, sometimes on a part-time and sometimes on a full-time basis, through heightened competition and bankruptcy. Other layers within the bourgeoisie likewise lose their former independence and become mere wage labourers albeit within a finely graded hierarchical system.

— David Harvey – Limits to capital (p. 437)

Un estado de carcajada desatada, es la respuesta adecuada a las graves “cuestiones” que se complace en agitar la actualidad. Para comenzar por la mas manida: no existe la “cuestion de la inmigración”. .Que anade donde ha nacido?.Quien vive donde ha crecido?.Quien trabaja donde vive?.Quien vive alli donde vivian sus ancestros? .Y de quien son los ninos de esta epoca, de la tele o de sus padres?

La verdad es que hemos sido masivamente arrancados de cualquier pertenencia, que no somos sino parte de nada, y que a resultas de esto, tenemos a la vez que una inedita disposicion para el turismo, un innegable sufrimiento. Nuestra historia es la de las colonizaciones, las migraciones, las guerras, los exilios, la destrucción de todos los arraigos. Es la historia de todo lo que ha hecho de nosotros extranjeros en este mundo, invitados en nuestra propia familia. Hemos sido expropiados de nuestra propia lengua por la enseñanza, de nuestras canciones por las variedades, de nuestra carne por la pornografia masiva, de nuestra ciudad por la policia, de nuestros amigos por el salario.

— La insurrección que viene

“El modelo de protección social que hemos conocido tiende a menos-menos porque ya ha dejado de ser necesario, al igual que lo ha dejado de ser la clase media: ambos han cumplido su función. La clase media actual fue inventada tras la II Guerra Mundial en un entorno posbélico, con la memoria aún muy fresca de la miseria vivida durante la Gran Depresión y con una Europa deshecha y con 50 millones de desplazados, y lo más importante: con un modelo prometiendo el paraí­so desde la otra orilla del Elba. La respuesta del capitalismo fue muy inteligente (en realidad fue la única posible, como suele suceder): el Estado se metió en la economí­a, se propició el pleno empleo de los factores productivos, la población se puso a consumir, a ahorrar y, ¡tachí­n!, apareció la clase media, que empezó a votar lo correcto: una socialdemocracia light y una democracia cristiana conveniente; para acabar de completar la jugada, esa gente tení­a que sentirse segura, de modo que no desease más de lo que se le diese pero de forma que eso fuese mucho en comparación con lo que habí­a tenido: sanidad, pensiones, enseñanza, gasto social… que financiaban con sus impuestos y con la pequeña parte que pagaban los ricos (para ellos se inventaron los paraí­sos fiscales). Todo eso ya no es necesario: ni nadie promete nada desde la otra orilla del Elba, ni hay que convencer a nadie de nada, ni hay que proteger a la población de nada: hay lo que hay y habrá lo que habrá, y punto”

— Santiago Niño Becerra – El Paí­s

Font: Escolar.net